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La poesía está de moda.

La poesía está de moda, este invierno se llevan los vestidos largos y las medias rotas, a juego con el corazón. Es tiempo de fingir, de llamar desamor a un desencuentro, de escribir versos en miradas vacías y creer que todo daño es poesía. De presumir de libros, o al menos la cubierta de ellos, de pintar la sonrisa de la chica equivocada, de seguir los esquemas de los versos y del amor, como si un ejemplo más de falsedad fuera. Es tiempo de frío, dentro y fuera del pecho, de vacío en el alma, y sobre todo en la almohada, maquillado de luces de bohemia.

Como lo hacía yo contigo.

Últimamente me sobra media cama,  me sobran minutos antes de dormir,  me sobran canciones que hablan de nosotros,  me sobran espacios en blanco  en los que quisiera escribirte aunque fuera un par de letras,  aunque fuera alguna conjunción suicida entre tu pronombre y el mío. Me quedan cientos de segundos hasta que amanezca, y te confieso que me sobran más de la mitad imaginando que el Sol me consume y me hace arder, como lo hacía yo contigo, para ver, si por suerte o por desgracia, alguna brisa piadosa arrastra mis cenizas hasta ti, aunque sea para verte en brazos de otro.  Joder,  me sobra media vida.

Canciones paralelas.

De palabras y adoquines mojados adornaba el otoño al despertar con la voz partida y el alma por coser de mil historias que volaron entre nosotros. De cartas a medio escribir y fotografías aún por tomar llenaba un cajón que pretendía pintar de ti sin pretenderlo. Y poco a poco la oscuridad se abrazaba a la aurora desesperada, que regalándome un par de caricias se deslizaba entre los huecos de mi persiana. Suelo quedarme en silencio unos minutos antes de levantarme y dar por terminada la tregua, suelo quedarme en silencio y escribir, o al menos decir en voz alta como escribiendo en el aire, la primera palabra que me visita. Y ese día fue tu nombre. Y la imagen de tu nombre en cien mujeres diferentes. Lo pronuncié, lenta, discreta, fugaz, tenue, instantánea, volátil, inflamable, efimeramente, lo pronuncié. De mil maneras distintas, con infinitos disfraces y excusas y no hallé fortuna en esquivarte. Sin importar a donde se dirigiera mi mente allí estabas tú esperando. Sin importar si es...

Mi poesía ha muerto contigo.

Ya no existe el plural, y no me dicen nada las letras que grababas en el vaho del espejo empañado. Ya nadie discute lo caliente del agua, ni lo frío de mis manos acariciando tu desnudo. Ya no queda ropa que adorne el suelo, ni quien prefiera mi regazo a una silla vacía. Ya no existe el invierno de tu mano, ni verano en tu risa después de un orgasmo. Ya no quedan versos que no hablen de ti. Para dejarte vivir, mi poesía ha muerto contigo.

Gota.

Sonaba un grifo abierto, y no creo que fuera por casualidad. Sentado en el suelo del pasillo veía piernas avanzar presurosas ante mis ojos, como si tuvieran un sitio al que dirigirse, como si para ellos el mundo no fuera absurdo. Todas eran diferentes, y todas tenían historias diferentes para mi. Las había fuertes y lentas, ocultas tras una tela vaquera vieja y algo descosida, otras cortas y con un paso más rápido, pero no por ello avanzando más deprisa. Ese pequeño detalle me llamó la atención, y es que aunque la vida avanza igual para todos, no va igual de rápida para cada uno. Vi muchas piernas desnudas, valientes, suaves y sinuosas, y pensé en subir por ellas, no voy a mentirte. Me imaginé rozando su piel con la yema de los dedos y notando el calor creciente deslizarse por sus muslos. Me imaginé desabrochando con dos dedos el botón de sus pantalones cortos y, como un suspiro colarme en su ropa interior. No me llevaría más de dos miradas, y posiblemente me cambiaría la vida, un ra...

Cuando todo se derrumba.

Me declaro amante de lo inestable del quizás, de la duda y tu verso libre. Del 'tal vez sí'. De tu manera de reir cuando todo se derrumba, y la forma en la que rozas mi piel desnuda sin tocarme. Me declaro amante de tu idea, de palabras tuyas que aún no escuché, pero que imagino, susurrantes, al otro lado de mi cama. De un quédate que valga por mil puertas abiertas. De las lineas invisibles que unen tu boca y mi boca y aun están por recorrer. De tu manera de desaparecer y dejar huella como un gato maullando a la luna hasta que la luna le invita a quedarse.

En camas diferentes.

Eres para mi un verso mil veces borrado un hueco en la cama de al lado un beso aún por escribir. Eres tinta y pluma virgen, poesía viva y joven, sangre de revolución. Escribirte es escribir libre es imaginar imposibles es abrir la puerta, y quedarse. Oirte, a veces, es leer mi cuerpo en otra mente es oir lo que gimen las palabras es follar a oscuras con la voz. Mirarte es mirar un laberinto de ventanas abiertas y mensajes sin contestar de noches sin dormir, ni querer hacerlo, de escucharte en silencio cantar. Pensarnos es tocar con los labios la locura es vivir en un verso constante disfrazar el sexo de caos. Quererte es disparar contra la luna es besar tu cuerpo a oscuras mientras suena una canción en camas diferentes.

Llegaste.

Amar es no pensar al escribir, es dormir todo el invierno abrazado a un vacío en tu cama y aún sentir calor por dentro. Amar es colarse por la ventana de un edificio aún por construir, es sonreir con el viento de cara, es pedirle al miedo una tregua. Amar es besar un alma rota y escribir con sus trozos poemas, desnudar el caos, destrozar su boca cruzar los dedos en un orgasmo. Amar es mirar a la muerte a los ojos y rogarle un suspiro más de sus labios, es olvidar cuanto dura lo eterno es recordar que no existe el pasado. Llegaste, y con un hilo de voz gemiste mi nombre en mi cuello.  Y yo olvidé lo que era amar,  y ser.  Sin ti.

Algo que nunca te diré.

El viento se cuela entre tus labios mientras hablas. Siento como respiras y el mundo se mueve con tu pecho. La gravedad me atrae hacia tu voz y tú me miras sin saberlo. Aguantas la mirada. Y yo la respiración. Pareces tan frágil cuando te desnudas entre recuerdos y memoria, tan volátil como una pluma que se deja acariciar en la brisa y acaba posándose en mis labios. Aunque tú no lo sepas. O quizás sí lo sabes. Tu voz. Tan tierna que rompe. Ahí está el misterio. No vives para arreglarme, para coserme. No te da miedo el encontrarte con algo que no pueda ser reparado porque no entiendes dónde está el destrozo. Y eso, es justamente lo que me salva. Aunque es algo que nunca te diré.

Medir un poema es imposible.

"Medir un poema es imposible. Podréis medir sus letras, sus sílabas, estrofas y acentos pero jamás podréis medir un poema. Es encerrar el viento en una jaula, es cortarle al tiempo las alas. Querer medir un poema es querer cifrar el olvido es pensar cuánto pesa el amor es ponerle al duelo sentido sin siquiera sentir el dolor. Querer medir un verso es verter la locura en un vaso invisible. Es vivir en el reflejo del mundo es creerte el dueño del aire. Es tener atado el futuro, y vivir en un pasado constante, saber cuanto mide un poema es saber de qué sirve ser nadie."

Sentirte.

Escribir es mi manera más fácil de romper las cadenas, de acortar las distancias, de mirarte a los ojos y sentir. Sentirte. Porque de ti disfrazo cada letra, en ti bailan mis palabras. Escribiendo encuentro nuestra manera de ser, aunque no seamos. En ti encuentro el camino, y contigo mil maneras de perderme. De mis versos eres lienzo en blanco, y adorna en tu piel, desnuda, una vorágine de color. Siento en ti, por ti, contigo, y más sincero no hay nada.

Mi verso de rescate.

Contigo todo es metáfora. Contigo todo el mundo es un sinfín de puertas abiertas, un laberinto de esquinas por doblar, una página en blanco. Contigo entiendo la magnitud del universo, me invento contornos irreales que deslizan su etérea figura por entre las estrellas. Contigo sueño, sin dormir. Contigo vuelo, sin alas. Me deslizo por tu espalda y hago de tu cintura mi pista de aterrizaje personal. De tu cuerpo entero escribiría metáforas. Empaparía tu piel con tinta que deslizándose por ti escribiera los más bellos poemas. Tú eres mi verso de rescate. Para cuando caiga salves mi vida. tú eres Tú, y eso te hace Todo. Y he de decir, sincero,  que sin ti no sé escribir. No sé escribir, entero,  sin romperme en mil pedazos.  que sin ti, aún esté contigo.  que sin mi, aún estés conmigo. Que jamás te irás del todo, aunque aún no hayas llegado. Tú eres mis puntos suspensivos... ...Tú eres mi guerra inacabada.

La imposibilidad de nuestros cuerpos.

Recibí de ti las ganas de ser eterno. De vivir por siempre en tus ojos somnolientos y acunar en tu regazo cientos de amaneceres. De correr entre tus piernas y colarme en tus rincones infinitos, descubrir de ti lo más puro de tu esencia y escribir doscientos versos en retales de tu cuerpo. Dibujar, mientras sueñas, paisajes imposibles y hacer de tu sonrisa el lienzo más perfecto. Podría llenar tus noches de metáforas sin fin, de estrellas susurrando poemas en tu oído, de luceros titilantes que bailaran por tu cuello y describieran en tu piel curvas tenues y suaves. Pero esta noche duermo solo. Aunque contigo, la soledad se me clava en el costado, me desangra, me abandona, dejando en mi un eco inexorable. El vacío me rodea y levita alrededor de mis pupilas, que te buscan a ciegas en la fría madrugada. Te imagino. Te imagino y aún no llegas. Y tu imagen se evapora entre mis dedos que te rozan, desesperados, buscando tu cuerpo al otro lado de mi vida. Y aunque estés ahí, aún no lle...