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Mostrando entradas de julio, 2018

El final de las cosas.

Me obsesiono con el final de las cosas. Como el último segundo de una canción o la muerte. El otro día te vi, y sonaba esa música que tanto odio. Caminabas reflejándote en las córneas de mil desconocidos, y sentí como imaginaban el contacto de su núcleo y el tuyo, como quien escribe un final perverso para una corta historia de verano. No me importaba la posibilidad de vuestras historias, no me importaba la complejidad de vuestras discusiones antes de apagar la luz, ni siquiera me importaba qué canción sonara mientras hacéis el amor. Pero si algo siempre me ha molestado son las personas que no se preocupan por el final de las cosas, como hacer coincidir un beso y tu mano con la campana del microondas. Puedo vivir siendo pasado, pero me niego a ser mejor que tu presente. Espero que sea cual sea la siguiente historia que acabes, ésta tenga un final digno, como el último segundo de una canción o la muerte.

Lo que queda de mí.

Llevo más de un año sin escribir. Llevo más de un año sin enfrentarme a la nada. Floto en el vacío, sintiendo cómo el mundo se mueve a mi alrededor y yo contemplo estático cómo pasan los veranos. Tengo un hueco sangrante en el centro exacto de mi pecho, con la medida exacta de tu mano. No te culpo, sé que de mi tristeza sólo yo soy responsable. No sabía que un sentimiento pudiera ser tan azul. Ni si quiera sabía lo vacía que podía sentir mi mente. He pasado de oler los colores a tener que acordarme de comer. Sé que no puedo volver a escribir, la emoción sólo recorre corazones fértiles. Pero me he atrevido, aunque sea errático, breve e insípido, no esperaba emocionarte. Sólo lo he hecho porque necesitaba comprobar que queda algo de mí en esto que soy yo.