El final de las cosas.
Me obsesiono con el final de las cosas. Como el último segundo de una canción o la muerte. El otro día te vi, y sonaba esa música que tanto odio. Caminabas reflejándote en las córneas de mil desconocidos, y sentí como imaginaban el contacto de su núcleo y el tuyo, como quien escribe un final perverso para una corta historia de verano. No me importaba la posibilidad de vuestras historias, no me importaba la complejidad de vuestras discusiones antes de apagar la luz, ni siquiera me importaba qué canción sonara mientras hacéis el amor. Pero si algo siempre me ha molestado son las personas que no se preocupan por el final de las cosas, como hacer coincidir un beso y tu mano con la campana del microondas. Puedo vivir siendo pasado, pero me niego a ser mejor que tu presente. Espero que sea cual sea la siguiente historia que acabes, ésta tenga un final digno, como el último segundo de una canción o la muerte.