El reloj se ha parado y no solía soportar las cosas que se paran. Enmudeció el tic tac nervioso de los años, y vi, como si fuera un cuadro antiguo, colores mezclarse sin sentido, deteriorarse y dejarse acariciar por luces pasajeras. Vi casi tres mil atardeceres pasearse por las aristas del marco y veinte mil estímulos por segundo atosigar mis córneas con historias de amor pasajeras, disfrazadas de cien finales del cuento diferentes, en los que siempre acababa solo. Vi cómo ágiles dedos fríos tejían redes en mi mente y me cortaban el paso, dejándome irrevocablemente mirando al vacío. Vi cómo se me caía el cielo encima mientras tenía los pies enterrados en la arena. Y justo cuando pensaba que no podía aguantar más colisiones se para el reloj. El reloj, el día y el mundo. Me giro y estoy en casa. Siento que por una vez en mucho tiempo mi cuerpo coincide de nuevo con el espacio exacto en el que debería encontrarse. Imagino dunas y dragones, cierro los...