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Luna azul.

Me enamoré de ti en la ausencia. Al querer alcanzarte y alcanzar tan solo tu sombra. Al oír el eco de tu nombre retumbar con la marea. Imaginar tu cuerpo en la arena volando con el viento. Escribí en la bruma el mensaje de tu labios y le pedí a las gaviotas que volaran en tu busca que le dijeran al mar que te trajera de vuelta que tu recuerdo no calienta igual mi cama. De qué me sirven dos lunas llenas si no están bajo tu frente de qué sirve ser libre si no es contigo al lado. Y puede que ahora mismo bailes para otros, beses otros labios, y muerdas otras sábanas, pero puede, y solo puede, que ninguna luna sea tan azul como la luz de mi cuarto. Conmigo. Quizás?

El primer día de mi vida.

Es de tu voz el eco de mis labios y en mis manos hallo aún el tacto de las tuyas, que impasibles y aterradas se agarran a un hilo volátil de vida. Tu figura serena afronta el abismo, tu niña interior solloza acurrucada, "No quiero irme, me da miedo el vacío, No quiero irme, pero sé que debo." Cierras los ojos y me pregunto si es este mundo el que aún contemplas si es esta cama en la que aún yaces el lugar donde realmente te encuentras, y no lo sé, pues tu cuerpo frío ya no habla, y el universo ha dejado de girar por un minuto, de silencio se ha llenado el aire y en mis ojos solo cabe recordar cómo te sostengo ahora, igual que hiciste tú el primer día de mi vida.                                                                                       ...

Soy.

Me ha costado más de dos décadas empezar a aprender a querer lo que quiero, a aceptar un sí por respuesta, a admitirme. A creer en lo bueno de mis carencias, a no fijarme en mis heridas, ni en las vuestras, antes de permitirme sentir. Por todo lo vivido esto podría ser eterno, pero seré breve: Tómame o me tomaré yo mismo.

Azul.

Tú, que con celeste manto ingrávido me cubres y escondes en tu vientre un sendero inexplorado dejando caer de ti lo más puro de tu llanto, curas con escarcha mi inerte alma redimida. Ya no entiendo en ti los sonidos leves de tu risa, ni marco ansioso los días futuros a tu encuentro, ya no calientas con suspiros mis frías manos y, sobre todo, ya no eres lo que eramos. Porque los días han pasado y con ellos el verano, aquel eterno agosto de paisajes caducados que vertí por despecho y sin remordimiento en tu recuerdo agridulce de mordiscos sempiternos. Y créeme, si de audaz y temerario peco buscando suicida ese recuerdo no será con otro fin que del propio amor muerto levantar un hastiado monumento, que recuerde, que por recuerdo, aun me hallo yerto de ti. Tú, que aún vuelas en mi pecho, y en cada verso se cuela de ti un suspiro, que pintados están tus labios con cada gota de mi sangre, sabiendo que tu voz aún me parte, que aún recuerdo tu aliento en mi mejilla, que...