Azul.
Tú, que con celeste manto ingrávido me cubres y escondes en tu vientre un sendero inexplorado dejando caer de ti lo más puro de tu llanto, curas con escarcha mi inerte alma redimida. Ya no entiendo en ti los sonidos leves de tu risa, ni marco ansioso los días futuros a tu encuentro, ya no calientas con suspiros mis frías manos y, sobre todo, ya no eres lo que eramos. Porque los días han pasado y con ellos el verano, aquel eterno agosto de paisajes caducados que vertí por despecho y sin remordimiento en tu recuerdo agridulce de mordiscos sempiternos. Y créeme, si de audaz y temerario peco buscando suicida ese recuerdo no será con otro fin que del propio amor muerto levantar un hastiado monumento, que recuerde, que por recuerdo, aun me hallo yerto de ti. Tú, que aún vuelas en mi pecho, y en cada verso se cuela de ti un suspiro, que pintados están tus labios con cada gota de mi sangre, sabiendo que tu voz aún me parte, que aún recuerdo tu aliento en mi mejilla, que...