Azul.

Tú, que con celeste manto ingrávido me cubres
y escondes en tu vientre un sendero inexplorado
dejando caer de ti lo más puro de tu llanto,
curas con escarcha mi inerte alma redimida.
Ya no entiendo en ti los sonidos leves de tu risa,
ni marco ansioso los días futuros a tu encuentro,
ya no calientas con suspiros mis frías manos y,
sobre todo, ya no eres lo que eramos.

Porque los días han pasado y con ellos el verano,
aquel eterno agosto de paisajes caducados
que vertí por despecho y sin remordimiento
en tu recuerdo agridulce de mordiscos sempiternos.
Y créeme, si de audaz y temerario peco
buscando suicida ese recuerdo
no será con otro fin que del propio amor muerto
levantar un hastiado monumento, que recuerde,
que por recuerdo, aun me hallo yerto de ti.

Tú, que aún vuelas en mi pecho,
y en cada verso se cuela de ti un suspiro,
que pintados están tus labios con cada gota de mi sangre,
sabiendo que tu voz aún me parte,
que aún recuerdo tu aliento en mi mejilla,
que saboreo aún de ti la ausencia en otros labios,
y que jamás, aunque jure haberte olvidado,
jamás lograré olvidarte,
con tu abrazo azul desamparado tú
lloras en otros brazos,
ríes en otros labios,
y sobre todo, eres,
ya sin mi.

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