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Mostrando entradas de noviembre, 2014

Canciones paralelas.

De palabras y adoquines mojados adornaba el otoño al despertar con la voz partida y el alma por coser de mil historias que volaron entre nosotros. De cartas a medio escribir y fotografías aún por tomar llenaba un cajón que pretendía pintar de ti sin pretenderlo. Y poco a poco la oscuridad se abrazaba a la aurora desesperada, que regalándome un par de caricias se deslizaba entre los huecos de mi persiana. Suelo quedarme en silencio unos minutos antes de levantarme y dar por terminada la tregua, suelo quedarme en silencio y escribir, o al menos decir en voz alta como escribiendo en el aire, la primera palabra que me visita. Y ese día fue tu nombre. Y la imagen de tu nombre en cien mujeres diferentes. Lo pronuncié, lenta, discreta, fugaz, tenue, instantánea, volátil, inflamable, efimeramente, lo pronuncié. De mil maneras distintas, con infinitos disfraces y excusas y no hallé fortuna en esquivarte. Sin importar a donde se dirigiera mi mente allí estabas tú esperando. Sin importar si es...

Mi poesía ha muerto contigo.

Ya no existe el plural, y no me dicen nada las letras que grababas en el vaho del espejo empañado. Ya nadie discute lo caliente del agua, ni lo frío de mis manos acariciando tu desnudo. Ya no queda ropa que adorne el suelo, ni quien prefiera mi regazo a una silla vacía. Ya no existe el invierno de tu mano, ni verano en tu risa después de un orgasmo. Ya no quedan versos que no hablen de ti. Para dejarte vivir, mi poesía ha muerto contigo.