Canciones paralelas.
De palabras y adoquines mojados adornaba el otoño al despertar con la voz partida y el alma por coser de mil historias que volaron entre nosotros. De cartas a medio escribir y fotografías aún por tomar llenaba un cajón que pretendía pintar de ti sin pretenderlo. Y poco a poco la oscuridad se abrazaba a la aurora desesperada, que regalándome un par de caricias se deslizaba entre los huecos de mi persiana. Suelo quedarme en silencio unos minutos antes de levantarme y dar por terminada la tregua, suelo quedarme en silencio y escribir, o al menos decir en voz alta como escribiendo en el aire, la primera palabra que me visita. Y ese día fue tu nombre. Y la imagen de tu nombre en cien mujeres diferentes. Lo pronuncié, lenta, discreta, fugaz, tenue, instantánea, volátil, inflamable, efimeramente, lo pronuncié. De mil maneras distintas, con infinitos disfraces y excusas y no hallé fortuna en esquivarte. Sin importar a donde se dirigiera mi mente allí estabas tú esperando. Sin importar si es...