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Mostrando entradas de 2018

Dunas y dragones.

El reloj se ha parado y no solía soportar las cosas que se paran.    Enmudeció el tic tac nervioso de los años, y vi, como si fuera un cuadro antiguo, colores mezclarse sin sentido, deteriorarse y dejarse acariciar por luces pasajeras.    Vi casi tres mil atardeceres pasearse por las aristas del marco y veinte mil estímulos por segundo atosigar mis córneas con historias de amor pasajeras, disfrazadas de cien finales del cuento diferentes, en los que siempre acababa solo. Vi cómo ágiles dedos fríos tejían redes en mi mente y me cortaban el paso, dejándome irrevocablemente mirando al vacío. Vi cómo se me caía el cielo encima mientras tenía los pies enterrados en la arena. Y justo cuando pensaba que no podía aguantar más colisiones se para el reloj. El reloj, el día y el mundo. Me giro y estoy en casa. Siento que por una vez en mucho tiempo mi cuerpo coincide de nuevo con el espacio exacto en el que debería encontrarse. Imagino dunas y dragones, cierro los...

Valiente.

Te buscaré mientras todo mi hielo se funde y a las ciudades no les quede ya luz. Aunque aún confunda tu rostro y a oscuras suponga tu tacto, te buscaré. Sin saber aún tu nombre, ni si le temes a la muerte. Aunque aún seas toda pregunta y me imagine mil veces tu voz. Recorreré a ciegas la casa oyendo el eco de palabras que aún estás por pronunciar. Cada paso me acercará más a tu idea O al vacío inmenso del yo. Y si me preguntan a qué le tengo más miedo, si a ti o a que tú no seas, me taparé con las manos el rostro y caminaré valiente sobre el vacío.

El final de las cosas.

Me obsesiono con el final de las cosas. Como el último segundo de una canción o la muerte. El otro día te vi, y sonaba esa música que tanto odio. Caminabas reflejándote en las córneas de mil desconocidos, y sentí como imaginaban el contacto de su núcleo y el tuyo, como quien escribe un final perverso para una corta historia de verano. No me importaba la posibilidad de vuestras historias, no me importaba la complejidad de vuestras discusiones antes de apagar la luz, ni siquiera me importaba qué canción sonara mientras hacéis el amor. Pero si algo siempre me ha molestado son las personas que no se preocupan por el final de las cosas, como hacer coincidir un beso y tu mano con la campana del microondas. Puedo vivir siendo pasado, pero me niego a ser mejor que tu presente. Espero que sea cual sea la siguiente historia que acabes, ésta tenga un final digno, como el último segundo de una canción o la muerte.

Lo que queda de mí.

Llevo más de un año sin escribir. Llevo más de un año sin enfrentarme a la nada. Floto en el vacío, sintiendo cómo el mundo se mueve a mi alrededor y yo contemplo estático cómo pasan los veranos. Tengo un hueco sangrante en el centro exacto de mi pecho, con la medida exacta de tu mano. No te culpo, sé que de mi tristeza sólo yo soy responsable. No sabía que un sentimiento pudiera ser tan azul. Ni si quiera sabía lo vacía que podía sentir mi mente. He pasado de oler los colores a tener que acordarme de comer. Sé que no puedo volver a escribir, la emoción sólo recorre corazones fértiles. Pero me he atrevido, aunque sea errático, breve e insípido, no esperaba emocionarte. Sólo lo he hecho porque necesitaba comprobar que queda algo de mí en esto que soy yo.