Tan efímero que asusta.
Con el alma en las pupilas te me escapas, te haces tan lejana y borrosa que tu imagen se vuelve espejismo y desespero. Las cortinas nos protegen y tu cuerpo es tan frágil, parece tan efímero que asusta. No sabes, no sabes lo que daría por poder cuidarte, protegerte, hacerte inmune al tiempo y al espacio, que las únicas reglas se escapen de nuestros labios. Tú, criatura, no lo sabes.
Me pregunto cómo podría ayudarte, sacarte de ahí. Hasta soñé contigo. Soñé que te despertaba y salíamos del edificio, caminaba con tu cuerpo reposando grácil en mis brazos y te llevaba hasta tu casa, subíamos por las escaleras mientras se me escapaba una pequeña risa irónica y te dejaba en tu cama. Y te sentías segura, a salvo. Conmigo.
Me pregunto cómo podría ayudarte, sacarte de ahí. Hasta soñé contigo. Soñé que te despertaba y salíamos del edificio, caminaba con tu cuerpo reposando grácil en mis brazos y te llevaba hasta tu casa, subíamos por las escaleras mientras se me escapaba una pequeña risa irónica y te dejaba en tu cama. Y te sentías segura, a salvo. Conmigo.
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