Silent whisper of us
Hay veces en la vida de un ser humano en las que alguna entidad superior que maneja los hilos de todos y cada uno de nosotros nos hace un regalo. Cuidado, no creo en el destino y mucho menos en dios, pero asumo que todo pasa por alguna razón. Creo que todos tenemos la capacidad de elegir por qué camino manejar nuestra vida. Las señales nos van guiando de las maneras mas insospechadas posibles, cada acción desata una reacción en el cosmos que mas tarde o mas temprano atravesará nuestras vidas como un relámpago. Mientras tanto, nosotros vamos tomando nuestras decisiones, las cuales nos van guiando por el camino que decidimos tomar, todo esto sin ser conscientes de ello, y aquí quería llegar. Hay días en los que la decisión no puede ser más clara. O lo tomas o lo dejas. Sin grises. Y eso, quieras que no, es un gran regalo.
Mientras mi alambre se balanceaba en la titubeante hoguera del sí o el no yo oía ruidos. Escuchaba una débil y molesta banda sonora de fondo que el resto del mundo se encargaba de tocarnos. A veces incidían directamente sobre nosotros, nos intentaban hacer dudar, nos decían que quizás nos fuera bien juntos, que por qué no hablábamos de todo eso que teníamos entre los labios, tanto el uno como el otro.
Sin ti, era débil. Por las noches, en mi trinchera apartada del mundo esas estridentes notas musicales me taladraban la cabeza en forma de por qué y por qué no, y las peores, los quizás. Me moría de ganas de decirte que sin ti yo no. Todo, o casi todo, lo que las palabras que conozco fueran capaces de transmitirte. Y cuando no tuviera más que decir, cuando todo hubiera surcado el trayecto infinito desde mi boca hasta tu boca, besarte. Besarte. BesArte. Como nunca te han besado. Un beso que se cuele entre tus labios y baje al estómago, revolotee y se deslice suave hasta la punta de los dedos, que te hiciera temblar las rodillas y desear que nunca, nunca nos separásemos. Que nos fundiéramos en ese preciso instante y nos petrificáramos ajenos al tiempo y al ruido y al espacio. Consumidos, sin miedo y aterrados por pensar en el momento de separarnos, mirarnos a los ojos y pensar que todo es real, que lo estamos haciendo, que no hay marcha atrás, por suerte o por desgracia. Preocupados por como sonaran los Te quieros en sus labios, aterrorizados por sentir que la caída no tiene final pero maravillados de que por fin, estaríamos volando juntos.
Hay días en los que la decisión no puede ser mas clara. O lo tomas o lo dejas.
Ese día decidí saltar.
Mientras mi alambre se balanceaba en la titubeante hoguera del sí o el no yo oía ruidos. Escuchaba una débil y molesta banda sonora de fondo que el resto del mundo se encargaba de tocarnos. A veces incidían directamente sobre nosotros, nos intentaban hacer dudar, nos decían que quizás nos fuera bien juntos, que por qué no hablábamos de todo eso que teníamos entre los labios, tanto el uno como el otro.
Sin ti, era débil. Por las noches, en mi trinchera apartada del mundo esas estridentes notas musicales me taladraban la cabeza en forma de por qué y por qué no, y las peores, los quizás. Me moría de ganas de decirte que sin ti yo no. Todo, o casi todo, lo que las palabras que conozco fueran capaces de transmitirte. Y cuando no tuviera más que decir, cuando todo hubiera surcado el trayecto infinito desde mi boca hasta tu boca, besarte. Besarte. BesArte. Como nunca te han besado. Un beso que se cuele entre tus labios y baje al estómago, revolotee y se deslice suave hasta la punta de los dedos, que te hiciera temblar las rodillas y desear que nunca, nunca nos separásemos. Que nos fundiéramos en ese preciso instante y nos petrificáramos ajenos al tiempo y al ruido y al espacio. Consumidos, sin miedo y aterrados por pensar en el momento de separarnos, mirarnos a los ojos y pensar que todo es real, que lo estamos haciendo, que no hay marcha atrás, por suerte o por desgracia. Preocupados por como sonaran los Te quieros en sus labios, aterrorizados por sentir que la caída no tiene final pero maravillados de que por fin, estaríamos volando juntos.
Hay días en los que la decisión no puede ser mas clara. O lo tomas o lo dejas.
Ese día decidí saltar.
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