Afraid of us

De pequeño confundía a los mirlos con cuervos por el simple color de sus plumas, esas negras y elegantes plumas que cubrían sus alas y me despertaban cada mañana. Me levantaba y me preparaba para ir al colegio mientras los veía por la ventana revoloteando en los jardines, y el ingenuo de mi les temía. Al menos la primera vez que les vi, y la segunda, quizás hasta la tercera. A la cuarta dije basta, y me acerqué a uno de ellos. El me clavó sus negros y expectantes ojos y en menos de un segundo se marchó volando, asustado. En ese momento le perdí el miedo a lo desconocido, a lo que no lograba entender. Descubrí que uno de los miedos que vivían cómodamente en mi desde mi temprana madurez era aquel desconocido, el miedo a ser temido.

Y ese miedo es el que me trajo a hablarte por primera vez. Te descubrí, revoloteando por la gama de aspectos lúgubres de mi vida, por esas esquinas que nadie se había atrevido a descubrir. Y tú y yo estábamos a un mundo de distancia, pero yo ya te quería. Aun sin conocerte mi conciencia futura había caído prendada de ti. Descubrí que me moría por oírte hablar en sueños, por indagar en los nudos de tu pelo, por despertarte con un beso en la nuca y ver como el sol se te riza en las pestañas. Descubrí que yo había nacido para descubrirte a ti, poco a poco, a lo largo de mi vida, para tener fe en ti y para ser lo único que quedara en pie delante tuya cuando todo se derrumbara. Descubrí que nunca dolerías lo suficiente como para sacarte de mi vida, que estábamos hechos el uno para el otro aunque fuéramos incompatibles, puesto que, precisamente por el hecho de que no fuera fácil estar juntos, la dificultad nos haría superarnos. Pero sobre todas las cosas, descubrí que me mataba el miedo de que me temieras. Que todo lo que sintiéramos al mirarnos fuera demasiado intenso. Por eso evito mirarte a los ojos, porque temo enamorarme aun más de ti.
Me aterraba esa idea, y cuando por fin reuní el valor para acercarme a ti fue sincero y aterrorizado. No hablo de la primera vez que nos vimos, ni nos saludamos, o mantuvimos una conversación. No. Hablo de cuando nos Conocimos, cuando nos abrimos el uno al otro en canal y nos descubrimos por completo.

Sentía que el miedo me devoraba las entrañas despacito y el tiempo se acababa, el escaso pedacito de la eternidad que ahora tenemos se me escurría entre las palabras monosílabas. Y temía que me temieras. Tenía miedo de que si me acercaba demasiado a ti saldrías volando como aquel mirlo, pero también temía que en la lejanía de nuestros seres se colara un vacío indiferente y disimulado, que nos distanciara para siempre.

Ese día le perdí el miedo a lo desconocido, y me aterró la idea de desconocerte.

Comentarios

Entradas populares de este blog

La mas bella obra de Arte.

Introspección suicida

conocerte.