Escribir por recordarte.

Tengo miedo de las hojas en blanco. De los primeros pasos, las primeras palabras. De no encontrar la manera de, con unas cuantas letras, ser capaz de decirte todo lo que sucede en mi interior. De no hacerme entender, de no conseguir expresarme con suficiente claridad, con la claridad suficiente como para llegar hasta ti. Tengo miedo de escribir, por las noches, supernovas, y al amanecer encontrar un puñado de letras puestas de mala manera. Porque yo sueño con escribirte universos de tinta llenos de metáforas, adornados con mayúsculas estratégicamente colocadas, sueño con acelerarte el pulso en cada coma, dilatar tus pupilas con cada punto y seguido, que tus labios se separen tímidamente en silencio, dejando escapar un suspiro mudo que recorra tu pecho y tu vientre velozmente y que, antes de darte cuenta, tus piernas tiemblen esperando el siguiente párrafo.

Me gusta escribir por recordarte. Porque aunque me aterre enfrentarme a algo desconocido las palabras acaban llegando, y como tú, se llevan el miedo y la niebla, dándome el valor suficiente como para encontrar las letras adecuadas entre el viento y colocarlas una a una, poco a poco, en el orden idóneo hasta llegar a ti. Leerte una y otra vez y decirme antes de dormir: 'Eh, con ella has acertado.'

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